NATALIA LAFOURCADE Y AMIGAS EN BORIS CLUB

The Powerpuff Girls: chicas y canciones

Por Ma. Antonella Cozzi

Fotos: Diego Guillén

Los domingos a la hora del crepúsculo suelen ser (sin demasiados justificativos) los momentos más detestables de la rutina septenaria. Cualquier tipo de problema o tristeza se potencia con la caída del sol del último vestigio del fin de semana. Pero eso sucede porque no todos los domingos tenemos la suerte de compartir el power y los colores del grupo de féminas que el pasado 15 de mayo se adueñó de la tarde de Palermo. Estamos hablando del recital de “Natalia Lafourcade y Amigas” en Boris Club, en el que todos los matices del poder femenino se vieron plasmados en un escenario internacional (en el pleno sentido dialógico del término) que fue un hervidero de virtuosismo.

El “Pussyfest” (como fue rebautizado por las amigas de Lafourcade) comenzó con brillos discretos, una voz y una guitarra: Natalia, el hada de cuentos de la música mexicana, con los ojos cerrados y un sonido por momentos vintage, abrió el show con una canción no inédita, “Azul” del compositor Agustín Lara, a quien homenajeará en su próximo disco. Entre agudos proligísimos y toda la dulzura que tiñe su voz, Natalia invitó a Lorena Mayol al piano de cola para interpretar juntas el tema “La Fugitiva” (también de Agustín Lara), luego del cual se retiró de escena para dar paso al resto del plantel.

Lorena Mayol permaneció en el piano para cantar dos canciones pertenecientes a 1090 días, su último material de estudio: se trata de “Sos” y “Las cosas que amas” en versión acústica, dos temas henchidos de un peculiar romanticismo multicolor, junto al guitarrista invitado de la noche, Gustavo Guerrero.

La cantante Eli Salvaj fue la siguiente en subir a mostrar las canciones de su primer disco (aún en proceso de grabación), acompañada de su pianista y en una actitud de unplugged glamoroso, a la que le siguió la espléndida simpleza de Rosario Ortega con dos temas que parecieron rozar cierta melancolía para nada apesadumbrada. Con un lacónico “Hola, soy Rosario”, a la joven Ortega le bastó para demostrar que se las trae sin rodeos y ganarse el público.

Nuevamente con Natalia Lafourcade en el escenario, subió como invitada Valeria Gastaldi, con quien cantó el tema “Siempre Prisa”, canción en la que Natalia desplegó todo su arsenal de efectos valiéndose prodigiosamente del pedal looper que la acompañó todo el show. Pero, como era de esperarse, las sorpresas no terminaron allí: Lafourcade llamó a su amiga y compatriota, Julieta Venegas, a cantar con ella “Hu- Hu- Hu”, canción que ya interpretan juntas en el disco homólogo de Natalia. Como cierre de la primera parte del show (en la que además participaron “Neto” y Marian Ruzzi –músicos de Natalia Lafourcade y Julieta Venegas respectivamente-), sonó “Ella es Bonita”: canción lúdica e irónica si las hay, que condensa en tres minutos y medio todo lo que Natalia tiene de multi-instrumentista y de cajón de anécdotas.

A las 22:00 horas se dio comienzo a la impactante segunda parte del recital: con la constante participación de la tecladista y cantante Daniela Spalla y la bajista Lara Pedrosa, la noche del domingo se convirtió en una lección de experimentos rítmicos y tímbricos de los más variados.

La Spalla (sí, con el artículo enfatizado), con su look de colegiala de Manga, inició su repertorio con “Arruinarmelo”, canción que jugó con las percusiones no convencionales y los coros de Natalia Lafourcade y toda la fuerza del bajo de Pedrosa, quien también demostró sus dotes de cantante en los temas siguientes.

Con “Tiempo al viento” comenzó la curva ascendente final del show, que hizo un amague de culminación con la canción “Cursis Melodías” (tema de apertura del disco Hu-Hu-Hu), pero que encontró su momento apoteósico cuando, luego de los agradecimientos pertinentes, todas las artistas se reunieron en una misma canción. Con toda la carga emotiva que ello connota, el gracias por venir que suena en “Puente” de Gustavo Ceratti finalizó, con este homenaje, una noche de música tan íntima y relajada “como estar en la sala de casa”, en palabras de la propia Lafourcade.

Ante un público que reflejaba la heterogeneidad del universo construido en escena, este feliz rejunte de chicas “pop-y-etcéteras” transformó la nostalgia dominguera en una adrenalínica experiencia musical.

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